Mick Meany: La historia de un entierro extraordinario
La fascinante historia de Mick Meany, quien se convirtió en una figura mediática al ser enterrado vivo por un récord mundial, es un relato de ambición, osadía y un poco de locura. En este artículo, exploraremos cómo un deseo de reconocimiento y una serie de eventos singulares llevaron a este irlandés a uno de los retos más extraños que uno podría imaginar.
Un entierro poco convencional
La primera vez que Mick Meany fue enterrado, la ceremonia atrajo a una multitud y a la prensa mundial. Sin embargo, 35 años después, en un segundo entierro, solo un periodista local estaba presente. La historia de Meany no se trató de un error de diagnóstico sobre su estado de salud, sino de un espectáculo diseñado para captar la atención del público y de los medios de comunicación, con resonancia no solo en el Reino Unido, sino en países tan lejanos como Estados Unidos y Australia.
Los comienzos de un sueño
Nacido en Tipperary, Irlanda, Meany se trasladó a Inglaterra en busca de trabajo tras la Segunda Guerra Mundial. Aunque su aspiración inicial era convertirse en campeón mundial de boxeo, un accidente en su empleo como obrero de construcción truncó su sueño. Fue en una situación extremadamente peligrosa, cuando un túnel que estaba cavando se derrumbó, que la idea de batir el récord de tiempo enterrado vivo emergió. Inspirado por un marinero que había estado enterrado en Irlanda durante 10 días, Meany se propuso superar la marca de 45 días de un estadounidense, Digger O’Dell.
Motivaciones y desafíos
Las motivaciones detrás de estas hazañas inusuales varían. Para algunos, como O’Dell, el desafío era una forma de ganar dinero y notoriedad. Para Meany, quien había visto limitadas sus opciones laborales, la oportunidad de convertirse en un récord viviente era una manera de dejar su huella. “No tenía futuro en la vida real. Quería demostrar mi valía”, declaró.
Un plan meticuloso
En Kilburn, un barrio de Londres con una notable comunidad irlandesa, Meany compartió su audaz idea con Michael “Butty” Sugrue, un excampeón de lucha y promotor de boxeo. La primera reacción de su esposa fue de horror; pero el día del evento, él ya se había decidido. El 21 de febrero de 1968, tras una intensa preparación, Se realizó una “última cena” en el pub, ante una multitud expectante.
El reto de ser enterrado vivo
Meany se metió en un ataúd de 1,90 metros, provisto de pulmones artificiales a través de tubos que le permitían respirar y recibir comida. A lo largo de las semanas que pasó sepultado, recibió mensajes del exterior, e incluso hacía entrevistas telefónicas desde su ataúd, mientras los visitantes pagaban por hablar con él. Sin embargo, el interés de la prensa eventualmente se desvaneció ante eventos más actuales como la guerra de Vietnam y el asesinato de Martin Luther King.
La espera y la sensación de victoria
Tras 61 días bajo tierra, el 22 de abril de 1968, la ceremonia de su “resurrección” fue un evento lleno de festividades. Con entusiasmo, Meany salió del ataúd, sintiéndose victorioso y esperando que esto marcaría el inicio de una nueva vida llena de fama y fortuna.
El desencanto posterior
A pesar de haber desafiado las probabilidades y superado el récord, Meany no obtuvo la fama esperada. Le prometieron una gira con su ataúd y una suma generosa de dinero, pero ninguna de estas promesas se materializó. Regresó a Irlanda sin dinero alguno, y su hazaña de ser el hombre más tiempo sepultado no fue reconocida oficialmente por el Guinness World Records.
Un legado inesperado
A pesar de la falta de reconocimiento formal, la historia de Mick Meany no se ha olvidado. En 2003, más de dos décadas después de su muerte, su historia fue rescatada a través de un documental que ha sido bien recibido en varios festivales de cine. Esta atención contemporánea probablemente hubiera alegrado a Meany, quien siempre buscó la admiración pública.
Conclusión
La vida de Mick Meany es un testimonio de cómo la búsqueda de la fama puede llevar a las personas a tomar decisiones inusuales. Su historia, marcada por osadía y frustración, nos recuerda que no siempre los sueños se concretan como uno espera, y que a veces, el camino hacia la gloria puede ser más incierto de lo que parece.
- Meany intentó superar un récord mundial al ser enterrado vivo durante 61 días.
- El evento fue organizado como un espectáculo mediático que atrajo la atención internacional.
- A pesar de su éxito, no obtuvo la fama y fortuna esperadas tras su desafío.
- La historia de Meany resurgió en 2003 a través de un documental que ha sido aclamado.

