Recuerdos de Esperanza: La Asistencia Cubana a Niños Afectados por Chernóbil
El desastre nuclear de Chernóbil, ocurrido el 26 de abril de 1986, dejó huellas imborrables en muchas vidas. A 40 años de esa catástrofe, recordamos la experiencia del programa que brindó ayuda a más de 23,000 niños ucranianos en Cuba. Esta historia refleja tanto la tristeza de la tragedia como la esperanza y la alegría que muchos encontraron en la isla caribeña.
La Experiencia de Roman Gerus
Roman Gerus, un joven ucraniano de 27 años, guarda gratos recuerdos de su paso por Cuba, donde llegó por primera vez a los 12 años para recibir tratamiento médico por efectos del accidente de Chernóbil. Gerus pertenece a una generación que se vio directamente afectada por esta calamidad, aunque él no había nacido cuando ocurrió. “No era como estar en un hospital. Hasta los niños más enfermos lo pasaban bien”, comparte con melancolía.
Un Viaje Inesperado
Tras años de sufrir con vitiligo, enfermedad diagnosticada cuando tenía 10 años, su madre encontró información sobre un programa que ofrecía atención médica gratuita en Cuba. Aunque inicialmente dudó de su veracidad, se aventuró a inscribirse y, tras varios meses de espera, Roman se embarcó en un viaje que cambiaría su vida.
El Programa “Niños de Chernóbil”
El programa cubano, que se desarrolló entre 1990 y 2011, se estableció en Tarará, una localidad costera situada a unos 30 kilómetros de La Habana. Este lugar, transformado en centro de atención médica, albergó a miles de niños provenientes principalmente de Ucrania, Rusia y Bielorrusia. A pesar de los desafíos económicos que enfrentaba Cuba en los años 90, la iniciativa continuó brindando asistencia a quienes más lo necesitaban.
Un Entorno Propicio para la Recuperación
Gerus recuerda con cariño las instalaciones de Tarará, que incluían hospitales, residencias y áreas recreativas. “El océano era precioso. Nadábamos mucho, y eso formaba parte del tratamiento”, señala, añadiendo que las actividades recreativas ayudaron a crear un ambiente propicio para la recuperación.
Diferentes Patologías y Cuidados Médicos
Ernesto Medina y Omar García, médicos a cargo del programa, clasificaron a los pacientes en cuatro grupos según la gravedad de sus condiciones de salud:
- Niños con enfermedades graves que necesitaban hospitalización prolongada.
- Niños con patologías que requerían atención médica, pero que no eran consideradas críticas.
- Menores con condiciones tratables ambulatoriamente.
- Niños sanos que habían estado expuestos a la radiación y sin enfermedades menores.
Testimonios y Recuerdos
Khrystyna Kostenetska, quien también participó en el programa, recuerda que había dos secciones en Tarará: una para quienes necesitaban atención prolongada y otra para los que no presentaban problemas de salud serios. “A pesar de que no tuvimos un tratamiento específico, el ambiente soleado de Cuba ayudó a muchos”, reflexiona.
Desafíos y Dudas en el Proceso de Selección
A pesar de la bondad del programa, la selección de los niños no estuvo exenta de críticas. Muchas familias en Ucrania anhelaban enviar a sus hijos a Cuba, pero el proceso nunca fue del todo claro y algunos argumentaban que no eran las familias más necesitadas las que accedían a esta oportunidad.
No obstante, en general, el sentimiento hacia el esfuerzo cubano es de gratitud y reconocimiento. “Eran personas de buen corazón”, dice Gerus, destacando la amabilidad de todos los que hicieron posible su estancia.
Conclusión
La historia de los niños que viajaron a Cuba tras el desastre de Chernóbil es un testimonio de resiliencia y esperanza. Aunque el camino no estuvo libre de desafíos, las vivencias compartidas en la isla caribeña continúan teniendo un impacto positivo en sus vidas.
Principales Conclusiones
- Más de 23,000 niños ucranianos recibieron asistencia médica en Cuba tras el desastre de Chernóbil.
- El programa “Niños de Chernóbil” se implementó entre 1990 y 2011 en Tarará, Cuba.
- Las experiencias de los niños variaron, incluyendo diversos niveles de atención según sus necesidades médicas.
- A pesar de los desafíos, el programa se recuerda con gratitud en Ucrania y otras repúblicas exsoviéticas.

